Porque una vida a veces no basta…
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Ciertamente, un siglo no le es suficiente a algunos hombres de este mundo para ser aquellos que sueñan ser, para crear o para destruir, a veces, y transformar así, a su modo, ese aliento que se le concedió al nacer, eso que llamamos vida. Si está entre sus posibilidades ese poder absoluto, la recompensa será la satisfacción, de lo contrario el alma pide, implora, exige una segunda, tercera, milésima oportunidad, y no descansa y no hace caso del pesimismo al pretender un ínfimo retroceso de las manecillas del reloj (¡pobre, iluso, eres, hombre!), fenómeno comparable al arrepentimiento.
Como se puede ver, está en juego nuestro propio corazón, que se involucra en cantidades insondables en los hilos que tejen nuestra, o mejor dicho, nuestras vidas, pocas veces a voluntad propia, más bien como un capricho, solo uno más, del destino (si es que existe uno para cada quien). El escape entonces es una opción, económicamente atractiva, por cierto, debiera serlo, ya que a la imaginación y a los sueños aún no se les conoce un precio. Hablamos de otra vida, una segunda para empezar, donde en teoría seríamos todo lo que quisiéramos ser, no por cien ni mil, sino por más años, tal vez la eternidad, vivirla desde el ahora, desde la corruptibilidad de la carne, sin mediar ni juicio ni gloria…
Y así, el hombre, tras varios millones de años, creó el paraiso virtual. Lo único malo fue que lo hizo a su imagen mas no a su semejanza. Aún cuesta (¡felizmente!) imaginar que un mundo ideal sea, para la mayoría de nosotros, tan idéntico al que nos ha tocado vivir detrás del avatar, reducido al estado sólido, a la materia, al polvo; al intercambio frívolo, a la mediocridad, a la manipulación, a la vejación, a la interdicción, al mal uso del poder, a la vanidad e incluso a la debilidad. Sin embargo ahi está la lógica del mundo, pues todo esto explica hasta dónde hemos sido capaces de llegar, no lo que hicimos con el planeta (de describir eso se encargan los documentales y los ecologistas, claro), sino lo que hicimos con nosotros mismos. ¿Exterminio? Sabemos perfectamente lo que es eso…
Leí por ahi que en un pequeño espacio del simulador, Second Life se llama, las casas se contruyen, los bienes cuestan lo que cuestan en la Tierra, las personas se buscan (¡se buscan! Desde luego, el deseo no basta para hallarlas), y hasta me parece que el hogar también tiene un precio muy alto (sí, dije hogar, no casa), además me pareció ver que había uno que otro asaltante merodeando por las calles, una que otra empresa, uno que otro show, uno que otro club… me pregunto si no habrá algún mendigo, creado por el puro placer de los ojos humanos de un avatar. Lo cierto es que en el mundo de Linden Labs nuestros avatares desde ya conviven con cosas como el terrorismo y la prostitución, entre otras fuerzas que de seguro ganarán, para fortuna de algunos y para desdicha de muchos otros, autonomía de ejecución, con la misma o tal vez con mayor rapidez de la que gozan en la vida carnal.
¡Es el mundo, señores!, tal y como lo conocemos, dominado y dispuesto por fuerzas ajenas a la de la voluntad, solo que habitado por gente más lampiña y menos ojerosa que nosotros (las técnicas de animación nunca dejan de sorprendernos), y hasta podría decirse que se trata de gente más real, que estaría muy por encima de la modesta perfección que yace aqui en un paraiso perdido, perdido apenas justo cuando comenzaba a transcurrir, probablemente -dicen algunos científicos-, en el África.
Escrito por Yanire 
Escrito por Yanire
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