A second life …O los peligros de la interacción humana

Noviembre 6, 2007

Porque una vida a veces no basta…

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Ciertamente, un siglo no le es suficiente a algunos hombres de este mundo para ser aquellos que sueñan ser, para crear o para destruir, a veces, y transformar así, a su modo, ese aliento que se le concedió al nacer, eso que llamamos vida. Si está entre sus posibilidades ese poder absoluto, la recompensa será la satisfacción, de lo contrario el alma pide, implora, exige una segunda, tercera, milésima oportunidad, y no descansa y no hace caso del pesimismo al pretender un ínfimo retroceso de las manecillas del reloj (¡pobre, iluso, eres, hombre!), fenómeno comparable al arrepentimiento.

Como se puede ver, está en juego nuestro propio corazón, que se involucra en cantidades insondables en los hilos que tejen nuestra, o mejor dicho, nuestras vidas, pocas veces a voluntad propia, más bien como un capricho, solo uno más, del destino (si es que existe uno para cada quien). El escape entonces es una opción, económicamente atractiva, por cierto, debiera serlo, ya que a la imaginación y a los sueños aún no se les conoce un precio. Hablamos de otra vida, una segunda para empezar, donde en teoría seríamos todo lo que quisiéramos ser, no por cien ni mil, sino por más años, tal vez la eternidad, vivirla desde el ahora, desde la corruptibilidad de la carne, sin mediar ni juicio ni gloria…

Y así, el hombre, tras varios millones de años, creó el paraiso virtual. Lo único malo fue que lo hizo a su imagen mas no a su semejanza. Aún cuesta (¡felizmente!) imaginar que un mundo ideal sea, para la mayoría de nosotros, tan idéntico al que nos ha tocado vivir detrás del avatar, reducido al estado sólido, a la materia, al polvo; al intercambio frívolo, a la mediocridad, a la manipulación, a la vejación, a la interdicción, al mal uso del poder, a la vanidad e incluso a la debilidad. Sin embargo ahi está la lógica del mundo, pues todo esto explica hasta dónde hemos sido capaces de llegar, no lo que hicimos con el planeta (de describir eso se encargan los documentales y los ecologistas, claro), sino lo que hicimos con nosotros mismos. ¿Exterminio? Sabemos perfectamente lo que es eso…

Leí por ahi que en un pequeño espacio del simulador, Second Life se llama, las casas se contruyen, los bienes cuestan lo que cuestan en la Tierra, las personas se buscan (¡se buscan! Desde luego, el deseo no basta para hallarlas), y hasta me parece que el hogar también tiene un precio muy alto (sí, dije hogar, no casa), además me pareció ver que había uno que otro asaltante merodeando por las calles, una que otra empresa, uno que otro show, uno que otro club… me pregunto si no habrá algún mendigo, creado por el puro placer de los ojos humanos de un avatar. Lo cierto es que en el mundo de Linden Labs nuestros avatares desde ya conviven con cosas como el terrorismo y la prostitución, entre otras fuerzas que de seguro ganarán, para fortuna de algunos y para desdicha de muchos otros, autonomía de ejecución, con la misma o tal vez con mayor rapidez de la que gozan en la vida carnal.

¡Es el mundo, señores!, tal y como lo conocemos, dominado y dispuesto por fuerzas ajenas a la de la voluntad, solo que habitado por gente más lampiña y menos ojerosa que nosotros (las técnicas de animación nunca dejan de sorprendernos), y hasta podría decirse que se trata de gente más real, que estaría muy por encima de la modesta perfección que yace aqui en un paraiso perdido, perdido apenas justo cuando comenzaba a transcurrir, probablemente -dicen algunos científicos-, en el África.


El infierno de las ‘buenas’ intenciones: Pisco 7.9 & otros temas

Septiembre 13, 2007

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Hace unos días se propagó, como lo hace un virus en los recipientes de un banco de sangre, la noticia del lanzamiento de un nuevo ’souvenir publicitario’, artífice promocional de la ‘marca país’ (¿acaso hay una? y si la hay, ¿cuál es?), pero más exactamente, burla nacional. Si acaso cabe la posibilidad de lanzar un título más acorde para esta noticia y que guarde absoluta fidelidad con los conceptos éticos que su concepción no repara en ultrajar, como lo son el respeto por el dolor, la muerte, la destrucción y la dignidad de quienes lo perdieron todo (caso gran parte de Ica) o, cuando menos, la calma (caso parte de Lima), o digamos nada (caso ministro de la producción y secuaces), a causa del terremoto de 7.9 grados (aunque ya sabemos que fueron más de 8 ) en la escala de Richter del pasado 15 de agosto, pues adelante con la nomenclatura, hasta entonces proseguiré con los adjetivos elegidos para la ocasión.

Irrisoria y cuestionable buena voluntad la de su creador y artífice quien, no contento con la vergüenza pública que hace pasar al Perú ante la opinión internacional (esto no se queda en casa, sino que constituye un precedente absurdo de autoburla nacional, algo así como el fenómeno de la discriminación de los mestizos hacia los mestizos, o yendo más lejos, el siempre vigente conflicto del Medio Oriente: palestinos contra palestinos, lo cual hace tanto indeseable como innecesaria la existencia de enemigos foráneos, ya que se tiene al asesino ‘en casa’), coge esta vez la gastada careta del ofendido lanzando aletazos de ahogado moral, pues sin duda alguna, no parece interesarle y/o tener la más remota idea de lo que supone ser un hombre, léase desde el sentido de la ética, la moral, la probidad, la integridad y la justicia comprendidas en esta palabra que no en vano evoluciona a través de los tiempos.

“Duele que haya habido interpretaciones, incluso caricaturas y frases ofensivas, a nadie se le puede ocurrir que ningún ministro quiera burlarse de Pisco, esto ha sido con la mejor intención” - Rafael Rey

Caricaturas y frases ofensivas dice, y ahora nos preguntamos, ¿quién es el que hace caricaturas con un nombre tan ligero como indignante, acerca del desastre nacional del terremoto que enlutó a Pisco y otras tantas ciudades de Ica, las cuales resultan bastante ofensivas no sólo en la zona de desastre, sino a nivel nacional, es más, cruza fronteras, es una burla universal, cuando menos un absurdo?, como si se tratase de un par de llaveros que se distribuyen en la gran manzana la semana que le sigue al 11 de septiembre, unos con las torres gemelas en formato mini, otros con la caricatura (usemos una de sus palabras) de Bin Laden, todas con una frase desafortunada al costado, y para terminar de cavar el hoyo, repartámosla a entidades, firmas, naciones o, si queremos ver tripas, víceras y mucha, mucha sangre, solo tendríamos que dársela de ‘recuerdo’ a los bomberos que participaron en la remoción de escombros, como ‘agradecimiento’, ‘en honor al mérito’, o al centenar de deudos, a manera de ‘reconocimiento’, y pondríamos algo similar a lo que algun(os) compatriota(s) (¡y como me da vergüenza decirlo!), colocaron en los alrededores de la mentada botella, tan solo cambiando la palabra Pisco por New York, Perú por Estados Unidos y, claro, la fecha:

“La milenaria ciudad de Pisco, en muestra de eterna gratitud por su solidaridad y ayuda tras el terremoto del 15 de agosto de 2007. Con afecto, el pueblo de Perú y el pueblo de Pisco”.

Esto impreso en la botella con el logo adverso podría significar: “Gobiernos, entidades, compañías, personas en general, que hicieran sus donaciones y nos brindaran su apoyo económico y hasta moral, ante el terremoto que destruyó nuestra ciudad, llévense este souvenir de recuerdo por su visita a nuestro país (perdón, pueblo), pronto les enviaremos una postal más una foto, y tal vez un incentivo de 16 mil, o hasta de 30 mil (algo similar a lo que recibieron cada uno de los llamados ‘jotitas’, futbolistas de no se qué categoría o partido y dirigentes de fútbol, respectivamente), pero ya no vengan, no, no vengan más, y menos nos ayuden, pues no lo merecemos; ya que a pesar de ser un pueblo milenario, no hemos aprendido nada todavía, y seguimos hurgando o dejando que destapen las costras de nuestras heridas y, cual seres ajenos a la civilización, los peruanos nos seguimos burlando de otros peruanos, aquellos (mucho) menos felices que nosotros, y lo hacemos a escala internacional, y si se dan cuenta, hasta los discriminamos en la web, concursos, afiches (como los del festival de cine, por lo que se empeñan en culpar a los diseñadores, como si lo que se imprimió ahi no fuera cierto), pero sobre todo en la tele, en fin, cada vez que podamos y/o nos dejen hacerlo, sin un ápice de asco; por ello, no crecemos ni mucho menos trascenderemos como Nación, aunque nos llenemos de bancos, cadenas de supermercados y rascacielos en terrenos de harina. Atentamente, la ciudad de Lima”,

parafraseando la inútil justificación al nacimiento de este ‘artículo de merchandising nacional’, después de todo, un objetivo secundario era, según declaraciones, volver a dejar en claro el origen del Pisco (que, como sabemos, no es chileno, sino peruano), lo cual, claro está, no necesita de estos artilugios publicitarios ni otras huachafadas para recordarse ni mucho menos explicarse, ya que cuando lo obvio se explica demasiado empalaga.

A propósito, nótese como para este señor (pido disculpas a los señores y también a los payasos, por calificar este absurdo de burla y a este personaje de señor), el Perú no pasa de ser un pueblito, un pueblecito, una aldea de ignorantes; pero le recuerdo que no todos nos equivocamos al votar en las elecciones y sí, somos la minoría de la minoría, o sea, esa parte de la minoría que tiene acceso a la educación (hablo de la versión digamos completa, que se confunde en la globalización y no de aquella versión piloto que, efectivamente, constituye la infeliz base para que existan y permanezcan una serie de personajes adversos a la cultura, integridad y soberanía del país) y a los servicios básicos actuales para seguir la ruta evolutiva que trazara el mono y no quedarnos, por el contrario, con el fuego, la rueda y la pólvora; y de esa minoría, quienes aún recordamos o tratamos de no olvidar, al menos, no del todo, algunos conceptos básicos heredados de la cívica, la religión, la ética, y los de la conciencia propia, pues ¿de qué sirve el automóvil  si aún se pone a debate qué se debe hacer si se tiene a un peatón justo frente a nosotros, en plena luz verde, aquella que, al igual que la ley, nos favorece (…)


Anorexia: un enfoque diferente

Agosto 5, 2007

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¿Qué publicista, doctor, terapeuta, moralista o reinvindicada ana tuvo la solemne idea de proclamar la ausencia de amor en las perturbadas pacientes que sufren de anorexia nerviosa o de cualquiera de sus nefastos derivados? Si lo que precisamente destilan estas chicas es eso, un rebasado y disperso, pero creciente ego, aquel elemento que hace al individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio (¡¿publicitario?!). Una muestra clara de ello es el constante y afiebrado uso del espejo, aliado número dos, después de la balanza, de estas incólumes almas que buscan, entre otras tantas cosas, reflejar en sus pálidas mejillas la imagen de su heroína del último número de Bazaar.

Pareciera ser que la constancia es su lema, frente al cual se desvanece tanto argumento científico en rescate de estas ninfas pseudo-suicidas. Y seguirá desvaneciéndose aún más si es que no se cambia el enfoque viejo con que se viene tratando este problema década tras década. Pareciera un tanto lógico -salvo contadas excepciones de chicas que expresamente corren tras el objetivo de desaparecer del mapa, masoquismo incluido- pensar que la razón por la cual las susodichas se esmeran tanto por alcanzar la talla infra-S está muy lejos de ser la falta de autoestima, en el sentido de quererse a sí mismo. En cuanto al hecho de aceptarse a si mismo, creo que ahí si tienen toda la razón los profesionales de la salud mental, en derivarlas a consulta externa.

Volviendo al hecho de quererse a si mismo: si te quieres, crees que vales la pena, crees en tí, te fijas metas que sabes las cumplirás. Ahí es justo donde aparecen, sino todas, el grueso de pacientes de anorexia: ellas invierten en sí mismas, lo dan todo por el todo: tiempo, dinero, control, organización, y una racha de otros tantos valores (llamen a esto disciplina si así lo desean) que buena falta le harían a algunas mujeres -y hombres, por supuesto- que no están ni flacas ni anoréxicas y que, en el concepto popular, sí se quieren a si mismas. Si no, ¿por qué entonces pasan horas de horas quemándose el alma si no tienen la certeza de que tras su esfuerzo lograrán la extrema delgadez de pasarela?

Ellas, en mi opinión, se quieren, delgadas, pero se quieren. Al menos desde una difusa, distorsionada y acaso enferma concepción. Si volteamos la cara de la moneda, vemos que aquellas que se quieren, que lo comen todo y no devuelven nada, no son más que el grupo pasivo de la globalización feminista, que se resiste a caer en los tentáculos de la publicidad (¡que está por todas partes!, hasta en la amiga que os visita), que da media vuelta a la derecha pero siempre de frente, ante cualquier estímulo ponzoñoso que le grita que siendo flaca se vive mejor, no importa si tiene que llenarse el estómago con ínfimos gramos de arroz toda la semana, o simplemente es el descuido andante.

Lo que cuenta es saber que, si se quiere atacar con publicidad este problema causado precisamente por la publicidad (échenle la culpa a los padres y al universo entero que habita el cerebro de las chicas, pero lo cierto es que los mensajes externos resultan nocivos y peligrosamente persuasivos en estos casos, al menos), se debe actualizar algunos conceptos para que la campaña social obtenga el éxito deseado y se puedan recuperar estas y otras cándidas vidas.