Un 15 de Agosto…

… el piso donde estábamos parados todos tembló. No sólo tembló, sino que lo hizo por primera vez -para muchos-, de una forma gelatinosa y horrible, como dirían muchos amigos, amigas sobre todo, pero increible diría yo, ni horrible ni gelatinoso, porque estábamos en Lima y no en Ica señores de diez, niños de veintiuno, jóvenes de cuarenta.

Este no es un post para mostrar el dolor en cifras, banco de imágenes, crónicas u otro tipo de manifestaciones -para eso está la prensa, la tv,…- , ni tampoco para recolectar sólidos ni líquidos, ya todos felizmente sabemos muy bien dónde hacerlo y, en el mejor de los casos, ya lo hicimos, espero, no obstante, creo, puedo darme la licencia de alentar a que sigan con todo esto y más, hasta donde el corazón y vuestra humanidad os lo permita.

El adjetivo increible no es un dado tirado al azar; es así, simplemente, como defino a esta suerte de aviso natural que me saca un día bastante ordinario -tan ordinario y futil que no tenía o no solía tener, hasta entonces, cruce alguno en el calendario-, común, corriente y frugal, de mi estructurada-realidad (lamento no decir estructurado-sueño), y me hace vivir, incluso en el regreso a casa, una enlatada pero familiar escena de una de esas películas que suelo ver cuatro veces al mes, doce veces al año, en los cines locales, y que adoro por cierto. (…)

Escribe un comentario

Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.