El Gran Pez

Agosto 23, 2007

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“Para mí, la vida es algo muy extraño”

Algunos dicen que el Gran Pez no es otro que el propio Burton, y tal vez tengan razón, aunque para describirlo se necesiten mucho más que un gran pescado imaginario difícil de cazar y 125 minutos de cinta. Aquí los dejo con una entrevista al genial Tim Burton, a quien más de uno ya conoce, pero a quien también de alguna u otra manera siempre recurrimos para tratar de entender, a través de sus creaciones, el lenguaje universal que nos une a todos…

Tim Burton está contento. Contento como un chico, se podría decir, si no fuera porque Tim parece no haber dejado jamás de ser uno. Los pelos ensortijados, los anteojos rectangulares gigantes, de color azul y negro, los brazos en perpetuo movimiento: todo el embalaje Burton describe a la perfección a alguien que parece detenido en un momento de la infancia o preadolescencia en el que sentarse a hacer dibujitos en el cuarto, encerrarse a ver películas de ciencia ficción o hacer experimentos con animales domésticos podrían ser rutinas cotidianas.

Pero no. Tim Burton es un cineasta y ya tiene, créase o no, 45 años. Es cierto, sus filmes (Beetlejuice, las dos primeras Batman, El joven manos de tijera, ¡Marcianos al ataque!, entre otras) parecen provenir de un lugar más cercano a la imaginación fecunda de un chico suburbano que la de un adulto casado que vive en Londres y acaba de ser padre por primera vez. Pero en El gran pez, Burton parece haber encontrado la historia perfecta que le permite acercar el puente entre las inagotables fantasías infantiles y el amargo realismo de eso que llaman adultez.

El gran pez es la historia de una reconciliación no sólo entre un padre y un hijo sino entre dos mundos, para muchos, irreconciliables: la fantasía y la realidad. En el filme, Edward Bloom (Albert Finney) es un anciano que está a punto de morir. Will (Billy Crudup), su hijo, con el que no habla hace años, viene de Francia a verlo. No sólo intenta sanar viejas heridas, sino a conocer la verdadera historia de su padre. ¿El motivo? El viejo Ed siempre fue un fabulador, un mitómano, un contador de historias que ha hecho de su vida un cuento fantástico, plagado de gigantes, criaturas, circos ambulantes, brujas malignas y peces enormes. Al final de sus días, espera Will, su padre le dirá la verdad acerca de sus aventuras. (leer más)


Fuente: El Clarín

Enlaces:

Big Fish, Site Oficial de la Película

Tim Burton (biografía)

Tim Burton, smiling on the face of death (entrevista)


Un 15 de Agosto…

Agosto 22, 2007

… el piso donde estábamos parados todos tembló. No sólo tembló, sino que lo hizo por primera vez -para muchos-, de una forma gelatinosa y horrible, como dirían muchos amigos, amigas sobre todo, pero increible diría yo, ni horrible ni gelatinoso, porque estábamos en Lima y no en Ica señores de diez, niños de veintiuno, jóvenes de cuarenta.

Este no es un post para mostrar el dolor en cifras, banco de imágenes, crónicas u otro tipo de manifestaciones -para eso está la prensa, la tv,…- , ni tampoco para recolectar sólidos ni líquidos, ya todos felizmente sabemos muy bien dónde hacerlo y, en el mejor de los casos, ya lo hicimos, espero, no obstante, creo, puedo darme la licencia de alentar a que sigan con todo esto y más, hasta donde el corazón y vuestra humanidad os lo permita.

El adjetivo increible no es un dado tirado al azar; es así, simplemente, como defino a esta suerte de aviso natural que me saca un día bastante ordinario -tan ordinario y futil que no tenía o no solía tener, hasta entonces, cruce alguno en el calendario-, común, corriente y frugal, de mi estructurada-realidad (lamento no decir estructurado-sueño), y me hace vivir, incluso en el regreso a casa, una enlatada pero familiar escena de una de esas películas que suelo ver cuatro veces al mes, doce veces al año, en los cines locales, y que adoro por cierto. (…)


Un mundo mejor

Agosto 8, 2007

No contenta con el espacio que le ha tocado vivir, el contexto, el lugar, un tiempo en la historia, la humanidad ha tratado, desde hace ya muchos años atrás, de recrear un mundo nuevo, diferente, ideal, logrando así evadirse de los peligros que supone vivir en el hoy y en el ahora, la ambivalencia, la incertidumbre, la muerte, la destrucción, la vulnerabilidad… o, por el contrario, sumergirse en sus sueños, pasiones, ideales, aciertos y buena fortuna, todo desde su genuino e insondable -a veces- punto de vista, claro está que, no obstante poco o nada puede hacer para darle un giro de apenas cinco grados a la agria o dulce realidad.

A veces se suele encontrar esta especie de puerta de escape a la realidad en objetos o símbolos tan cotidianos como personales, que bien pueden ser un libro, un lugar, una canción, basta con que tengamos la llave que le haga a la cerradura y, con un mínimo de esfuerzo conocido como voluntad -de ahí le siguen la creatividad, la imaginación y tantos otros, dependiendo de la intensidad de la acción-, podremos ser capaces de adentrarnos, para siempre o por unos instantes, en el universo que supone alguna de esas entradas, justo exactamente hasta donde nuestra mente pueda llegar, sin límite alguno conocido. Eso, desde un plano individual.

¿Es que acaso no somos capaces de construir juntos un mundo mejor para todos?

Por si nos hemos olvidado de este principio básico y fundamental, aquí está, para recordárnoslo en este video, el genial y lúcido Charles Chaplin, interpretando a uno de sus ilustrativos personajes en un discurso de El Gran Dictador (*):

(…)

you the people have the power,

the power to create machines,

the power to create hapiness,

you the people have the power

to make this life free and beautiful,

to make this life a wonderful adventure,

then in the name of democracy

let us use that power,

let us all unite!

let us fight for a new world,

a decent world

(…)

 

(*) The Great Dictator, 1940

Primera película sonora de Charles Chaplin, es una sátira del fascismo y toda forma de dictadura, y en particular, de Adolf Hitler. Filmada desde los inicios de la Segunda Guerra Mundial, en esta película Chaplin interpreta a dos personajes: Adenoid Hynkel (parodia de Adlf Hitler) y a un barbero judío.

Más en:

Charlie Chaplin

Speech El Gran Dictador

 


Anorexia: un enfoque diferente

Agosto 5, 2007

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¿Qué publicista, doctor, terapeuta, moralista o reinvindicada ana tuvo la solemne idea de proclamar la ausencia de amor en las perturbadas pacientes que sufren de anorexia nerviosa o de cualquiera de sus nefastos derivados? Si lo que precisamente destilan estas chicas es eso, un rebasado y disperso, pero creciente ego, aquel elemento que hace al individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio (¡¿publicitario?!). Una muestra clara de ello es el constante y afiebrado uso del espejo, aliado número dos, después de la balanza, de estas incólumes almas que buscan, entre otras tantas cosas, reflejar en sus pálidas mejillas la imagen de su heroína del último número de Bazaar.

Pareciera ser que la constancia es su lema, frente al cual se desvanece tanto argumento científico en rescate de estas ninfas pseudo-suicidas. Y seguirá desvaneciéndose aún más si es que no se cambia el enfoque viejo con que se viene tratando este problema década tras década. Pareciera un tanto lógico -salvo contadas excepciones de chicas que expresamente corren tras el objetivo de desaparecer del mapa, masoquismo incluido- pensar que la razón por la cual las susodichas se esmeran tanto por alcanzar la talla infra-S está muy lejos de ser la falta de autoestima, en el sentido de quererse a sí mismo. En cuanto al hecho de aceptarse a si mismo, creo que ahí si tienen toda la razón los profesionales de la salud mental, en derivarlas a consulta externa.

Volviendo al hecho de quererse a si mismo: si te quieres, crees que vales la pena, crees en tí, te fijas metas que sabes las cumplirás. Ahí es justo donde aparecen, sino todas, el grueso de pacientes de anorexia: ellas invierten en sí mismas, lo dan todo por el todo: tiempo, dinero, control, organización, y una racha de otros tantos valores (llamen a esto disciplina si así lo desean) que buena falta le harían a algunas mujeres -y hombres, por supuesto- que no están ni flacas ni anoréxicas y que, en el concepto popular, sí se quieren a si mismas. Si no, ¿por qué entonces pasan horas de horas quemándose el alma si no tienen la certeza de que tras su esfuerzo lograrán la extrema delgadez de pasarela?

Ellas, en mi opinión, se quieren, delgadas, pero se quieren. Al menos desde una difusa, distorsionada y acaso enferma concepción. Si volteamos la cara de la moneda, vemos que aquellas que se quieren, que lo comen todo y no devuelven nada, no son más que el grupo pasivo de la globalización feminista, que se resiste a caer en los tentáculos de la publicidad (¡que está por todas partes!, hasta en la amiga que os visita), que da media vuelta a la derecha pero siempre de frente, ante cualquier estímulo ponzoñoso que le grita que siendo flaca se vive mejor, no importa si tiene que llenarse el estómago con ínfimos gramos de arroz toda la semana, o simplemente es el descuido andante.

Lo que cuenta es saber que, si se quiere atacar con publicidad este problema causado precisamente por la publicidad (échenle la culpa a los padres y al universo entero que habita el cerebro de las chicas, pero lo cierto es que los mensajes externos resultan nocivos y peligrosamente persuasivos en estos casos, al menos), se debe actualizar algunos conceptos para que la campaña social obtenga el éxito deseado y se puedan recuperar estas y otras cándidas vidas.


Ratatouille ovacionada

Agosto 1, 2007

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Qué alegría tan grande tengo de que mi primer post oficial esté dedicado a la animación en el cine, tópico que llama profundamente mi atención por lo que supone: una parte esencial en la historia, no sólo del cine o la animación, sino de la humanidad; una fusión del plano cinematográfico y el arte digital y, como lo estoy viendo, un punto de reinvindicación, si acaso cabe el término, de los peligros de la desvirtuación que el formato 3d y su vasta estirpe estuvieron a punto de presenciar casi en simultáneo algunos meses atrás (léase boom de formatos extensamente ofensivos y destructivos al cien por cien que, estéticamente cuando menos, confinaban al 3d a un lugar oscuro, morboso, artificial, sin posibilidad de ofrecer alternativas más nobles de animación.

No obstante, creo y estoy segura de que es el hilo de la emoción el verdadero móvil de estas líneas, no sólo porque así lo señale mi perfil de blogger, sino porque hoy, mejor dicho ayer, tuve la grata experiencia de presenciar y participar de un acto bastante fuera de lo común -al menos en mi país y ciudad-, en una sala de cine local. Naturalmente no estoy hablando de la proyección de la película la cual, como ya les había comentado, es de animación, la famosa Ratatouille, una película de Pixar presentada, literalmente, por Disney Pictures.

Me refiero a la ovación espontánea del público, conformado principalmente por: niños, jóvenes, adolescentes, adultos, familias enteras, en pocas palabras, un público multigeneracional. Un público, por definición, sin mucha o con una apenas leve sintonía con los rigurosos criterios para calificar a una película, sobre todo una de animación, que hagan de ella una digna de ovación. ¿Qué fue entonces lo que pasó en la sala?

O bien el argumento, o bien las moralejas, la escenografía, tal vez el carisma de los personajes, la animación o el humor quizá, o el efecto mariposa o dominó, como quieran creer o llamarlo. Haciendo un breve pero necesario bosquejo, la película a grandes rasgos es una fábula gastronómica que ilustra, sin ser demasiado didáctica ni golosa, el valor, la constante lucha por seguir los ideales, los sueños nobles, la confianza en uno mismo y la necesidad de una vida colectiva e individual para el bien común, en otras palabras, la cooperación (algunos la llamarán solidaridad). Son sólo algunos de los valores personificados por la rata-chef Remy y Linguini, personajes principales de la última maravilla de la Pixar.

A esto nos tiene bien acostumbrados esta corporación que, según mi singular apreciación, es ahora lo que Disney era hace un par de décadas atrás. Tal vez resulte un tanto difícil establecer un punto de comparación, una hebra común para ambas madejas pero, como ya había advertido en alguna entrada previa, es una apreciación, al igual que lo es el hecho de que crea que, si bien de chica soñaba con trabajar en Disney, ahora más bien me incline por hacerlo en Pixar. Pienso que actualmente posee ese hilo conductor (¿magia?) que es capaz de despertar las emociones más dulces y nobles de cualquier ser humano, sea cual sea su condición.

Aún no se le conoce un lenguaje subliminal como se pretendió -con razón o sin ella- atribuírsele a Disney en su momento, pero lo cierto es que construye una realidad de ensueño: moldea la vida, la recrea tal y como la haría un actor, un escultor, o cualquiera capaz de darle forma a lo real y a lo irreal, a la forma y al fondo, al molde y a la esencia, al cuerpo y al alma…

Espero poder contribuir en alguna otra ocasión, no muy lejana espero, con un post algo más extenso que este, relacionado con alguno o varios de estos temas. No diré lo que todos o la gran mayoría ya percibió, todos incluidos chefs, quienes han debido ya haberse conectado con la historia de una manera especial: que la película es emotiva por su gracia y belleza, y qué me dicen de la banda sonora, de lujo ¿no? ¡A querer a las ratas se ha dicho! 

Me despido, hasta pronto, nos vemos.

En la Web:

Ratatouille, site oficial de la película

Un poco más de esta película de Pixar